Claudia Sheinbaum rechaza eventos políticos no oficiales en donde aparezca su imagen
La tarde de este día, en Chilpancingo, se dio cita lo que muchos ya identifican como la vieja cúpula de la traición política en Guerrero. Dinosaurios del pasado, encabezados por Ángel Aguirre, reaparecen en escena intentando reagruparse y reciclarse políticamente, ahora bajo un discurso disfrazado de “transformación”.
El objetivo es claro: organizar actos y eventos que buscan hacer creer a la ciudadanía que cuentan con el respaldo de la presidenta de la República, algo completamente falso. Viejos lobos que hoy se visten de ovejas para intentar engañar nuevamente al pueblo de Guerrero y volver a poner las manos en el poder y en el presupuesto.
PRI y PRD, partidos responsables de algunos de los episodios más oscuros del estado, hoy se pintan de guinda para seguir viviendo de la política. Cambian de color, pero no de prácticas. Por eso es momento de que el pueblo los recuerde por lo que son: traicioneros.
Entre los nombres que resurgen está Bety Mojica, señalada por muchos como traidora al haber respaldado la reforma energética junto a Ricardo Anaya cuando militaba en el PAN. También aparece Mario Moreno, el político de circo que le pega a todo y termina traicionado por todos, como ocurrió cuando Ángel Aguirre le prometió la gubernatura y después le dio la espalda, aunque hoy vuelve a tenderle la mano para usarlo como instrumento de infiltración en Morena.
En la lista también figura López Rosas, ex procurador, a quien diversos medios han llegado a llamar “el procurador del diablo”, y que estuvo a punto de enfrentar procesos judiciales por presunto desvío de recursos y corrupción durante el periodo 2002–2005.
No puede omitirse a Rogelio Ortega, señalado por acusaciones de acoso y quien fungió como gobernador interino tras la caída de su padrino político, Ángel Aguirre, luego del caso Ayotzinapa. Un episodio que, a más de una década, sigue sin esclarecerse y que marcó una de las heridas más profundas del país.
Finalmente, aparece Marco Leyva, ex presidente municipal de Chilpancingo, quien terminó renunciando al cargo al quedarle grande la responsabilidad de gobernar la capital. Una capital donde, además, el pueblo conoce bien el actuar de su círculo familiar, cuyos sobrinos y nietos se ostentan como dueños de la ciudad.
Guerrero no olvida.
Y hoy más que nunca, la memoria del pueblo será el mayor obstáculo para quienes pretenden regresar como si nada hubiera pasado.



