El sarampión, una enfermedad que durante años se consideró controlada en gran parte del planeta, ha vuelto a colocarse en el centro de la preocupación sanitaria global. En México y en distintos países del mundo, los contagios se han incrementado de forma significativa, encendiendo las alertas de autoridades de salud, organismos internacionales y sistemas epidemiológicos que advierten sobre el riesgo de nuevos brotes si no se refuerza la vacunación.
Se trata de una enfermedad viral altamente contagiosa que se transmite por el aire y que puede permanecer activa durante horas en espacios cerrados. Basta el contacto indirecto para que una persona no vacunada se infecte. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, una sola persona con sarampión puede contagiar hasta a 18 más, lo que lo convierte en uno de los virus más infecciosos conocidos.
En México, el repunte de casos ha generado preocupación por el posible riesgo de perder el estatus de país libre de transmisión endémica. Informes recientes indican que los contagios se han concentrado principalmente en regiones con baja cobertura de vacunación, aunque la enfermedad ya se ha extendido a distintos puntos del país. Ante este escenario, la Organización Panamericana de la Salud anunció que revisará el estatus sanitario de México, en un proceso de evaluación que se llevará a cabo en los próximos meses.
El incremento de casos no es un fenómeno aislado. A nivel mundial, el sarampión ha mostrado un repunte alarmante. En Europa, se reportaron más de 120 mil casos en un solo año, la cifra más alta registrada en más de dos décadas. En América, miles de contagios han sido confirmados, con defunciones asociadas principalmente a niños y personas no vacunadas. En Estados Unidos, varios estados han enfrentado brotes importantes vinculados a comunidades con esquemas incompletos de vacunación.
Las autoridades sanitarias coinciden en que la principal causa del resurgimiento del sarampión es la disminución en las coberturas de vacunación. La pandemia de COVID-19 provocó un rezago en los esquemas infantiles, dejando a millones de menores sin las dosis necesarias. A esto se suman la desinformación, el rechazo a las vacunas y la movilidad internacional, que facilita la importación de casos desde países donde el virus sigue circulando.
El sarampión no es una enfermedad menor. Además de fiebre alta, tos y erupciones en la piel, puede provocar complicaciones graves como neumonía, encefalitis, daño neurológico permanente e incluso la muerte. La OMS estima que cada año decenas de miles de personas fallecen a causa de esta enfermedad, pese a que existe una vacuna segura y eficaz desde hace décadas.
En México, la vacuna triple viral forma parte del esquema nacional de vacunación y es gratuita en instituciones públicas de salud. Sin embargo, especialistas advierten que mientras no se alcance una cobertura cercana al 95 por ciento, el riesgo de brotes seguirá latente. Por ello, autoridades han hecho un llamado urgente a madres, padres y población adulta a revisar sus cartillas de vacunación y completar esquemas pendientes.
El regreso del sarampión es una señal clara de alerta. No solo refleja fallas en los sistemas de vacunación, sino también los efectos de la desinformación y la falta de prevención. En un mundo cada vez más interconectado, una enfermedad que parecía del pasado vuelve a demostrar que, cuando se baja la guardia, puede regresar con fuerza.



